No Pierdas Dinero. Parte 2.





La semana pasada te conté la historia de un matrimonio que perdió su dinero en la crisis de las ".com" invirtiendo sus ahorros en acciones de empresas de moda en la bolsa. Una pareja donde ambos eran profesionalmente exitosos, tenían un salario superior a la mayoría y una educación de alto nivel.


Pero hay muchos mas ejemplos igual de dramáticos, ¿recuerdas la historia que te conté del banco Stanford? Te hablé de Stanford en mi artículo “Invierte lo ahorrado de forma inteligente. Parte 2”. Ese fraude dejó en la miseria a una gran cantidad de personas que hasta ese momento se consideraban ricas.


La gente que invirtió su dinero en Stanford lo hizo porque la promesa de ganar más dinero que los demás es siempre muy atractiva. La posibilidad de ganar dinero con tu dinero sin necesidad de trabajar es siempre algo que deslumbra al ser humano; pero tanto la gente que perdió su dinero durante la crisis de las ".com", como la gente que lo perdió con Stanford u otros fraudes similares cometieron el mismo error, perdieron de vista que para invertir es necesario buscar la seguridad del capital y no solo buscar un rendimiento atractivo.

No estoy contándote estas historias y compartiendo contigo estos ejemplos para asustarte, para que dejes de invertir en bolsa o en todos los proyectos que a lo largo de tu vida te ofrecerán. ¡No! Lo hago para que seas consciente que hay una diferencia importante entre invertir y especular.

De hecho, una parte de mi patrimonio está invertido en bolsa y es un área de mis inversiones que seguiré creciendo con el tiempo.


Si relees el párrafo anterior verás que te he dicho que “una parte de mi patrimonio está invertido en bolsa…”; así es, “INVERTIDO”. Yo no especulo nunca con mi dinero, me ha costado mucho trabajo ganarlo y no quiero perderlo por no hacer bien la tarea, por no investigar con cuidado las opciones de inversión que tengo disponibles o por especular en proyectos que no pueden ser considerados una inversión, es decir, no quiero perder mi dinero.


Daniel Kanheman, autor del libro Pensar rápido, pensar despacio y ganador del premio Nobel de economía en el año 2011, desarrolló una tesis que dice que los seres humanos tenemos dos formas de pensamiento:


  1. El Sistema 1 que es un pensamiento rápido, instintivo, emocional y subconsciente. Un pensamiento que sale natural y el cual utilizamos sin necesidad de que ejerzamos un control voluntario para hacerlo; y...

  2. El Sistema 2 que es un pensamiento más lento, deliberado, lógico y consciente. Un pensamiento por el que hay que esforzarse porque no sale natural.


Debido a la cantidad de decisiones que tenemos que tomar todos los días es que el Sistema 1 es el que tenemos activado en automático en todo momento, de lo contrario tardaríamos mucho en decidir cosas simples como tomar el cepillo de dientes, ponerle pasta y cepillarnos durante unos minutos para después enjuagarnos la boca.


Y así con todas las actividades que realizamos diariamente y para las cuales no tenemos que pensar con esfuerzo o de forma deliberada, sino que ya realizamos de forma instintiva y en automático [Gracias a nuestro Sistema 1].


Para comprender mejor a qué me refiero, haz un recuento de tu viaje hacia el trabajo o la escuela todas las mañanas, te darás cuenta que prácticamente todos los días utilizas la misma ruta o rutas y ni siquiera lo piensas, simplemente te subes al coche y tomas el camino que tradicionalmente utilizas, incluso puedes ir cantando al escuchar la radio, escuchar un audiolibro o ir hablando por teléfono y no hay problema porque no necesitas tomar decisiones deliberadas para conducir esa ruta que dominas; es algo que es instintivo y subconsciente. Esto es así porque nuestro cerebro administra la cantidad de decisiones que debemos tomar para que no terminemos exhaustos. Si utilizáramos el Sistema 2 para todas las decisiones que tomamos a diario terminaríamos agotados o incluso terminaríamos por tirar la toalla antes de que terminase el día, sería extenuante. Es por eso que el Sistema 1 es conveniente y necesario para poder funcionar en el mundo actual.


El problema es que nos hemos acostumbrado tanto a utilizar el Sistema 1 de forma automática que en algunas ocasiones en que sería conveniente o incluso necesario utilizar el Sistema 2, ya no lo hacemos y nos dejamos llevar instintivamente por el Sistema 1. Y esto es muy arriesgado cuando de inversiones y de negocios se trata.


Un ejemplo típico para comprender mejor esta dualidad de nuestro cerebro es el ejercicio de la pelota y el bate de béisbol:


Una pelota y un bate cuestan $110. El bate cuesta $100 más que la pelota, ¿cuánto cuesta la pelota? Si utilizas el Sistema 1 para contestar a este acertijo es probable que tu respuesta sea $10 pesos, pero esa respuesta es incorrecta.


Si bien es instintivo concluir que $100 + $10 es igual a $110, si utilizas el sistema 2 te darás cuenta que has cometido un error. Si el bate debe costar $100 más que la pelota y la pelota cuesta $10, entonces la suma sería $120 ($10 de la pelota más $110 del bate, que vale eso porque debe valer $100 mas que la pelota).


Para que la suma de ambos sea $110, la pelota debe costar $5 y el bate $105 ($100 más que la pelota), pero esta conclusión difícilmente llega con la intuición, osea con el Sistema 1.


Hay muchas personas que aun después de ver esta explicación tardan en entender el problema y su solución. No te estreses si esto te pasa a ti, es normal y es parte de esta dualidad del cerebro que explica Kanheman.


Detente a pensar, a pensar verdaderamente por un momento en el ejemplo anterior. Si algo vale $100 pesos más que otra cosa, quiere decir que vale lo mismo que esa otra cosa más cien pesos, de lo contrario no podría valer cien pesos más; luego entonces es lógico que para que el bate valga $100 pesos más que la pelota y la suma de ambos sea $110, el bate debe valer $105 y la pelota $5. Sin embargo el Sistema 1, esa forma instintiva y subconsciente de funcionar del cerebro, lleva a muchas personas a contestar erróneamente a algo tan simple.


La tesis principal de Kanheman es que los seres humanos nos identificamos con el Sistema 2, nos consideramos seres racionales que tenemos creencias, tomamos decisiones a conciencia y decidimos sobre qué pensar y qué hacer, sin embargo es el Sistema 1 quien realmente está a cargo, ya que sin esfuerzo alguno nos genera impresiones y sentimientos que se vuelven la fuente principal de las creencias explícitas y deliberadas de nuestro cerebro, es decir, aun cuando nos consideramos seres que utilizamos el Sistema 2, en la práctica es el Sistema 1 el que genera nuestra forma de ver el mundo y tomar la mayoría de nuestras decisiones.


Si por ejemplo te pregunto cuanto es 2 + 2, el número 4 salta a tu mente rápidamente. Ese es el Sistema 1 funcionando ya que no necesitaste hacer una operación matemática para concluirlo, no requeriste de hacer nada deliberado, la respuesta simplemente apareció en tu mente gracias a tu memoria asociativa. Pero si te pregunto cuanto es 19 x 23 ningún número salta a tu mente, necesitas hacer una operación matemática para poder concluir el resultado, y si lo haces estarás haciendo un esfuerzo, tus pupilas se dilatarán, tu corazón latirá algo más rápido y estarás trabajando; ese es el Sistema 2.


De hecho según Kanheman, para evitar hacer esfuerzos que consideramos innecesarios, es típico que los seres humanos busquemos responder preguntas sustitutas para responder a preguntas que no podemos responder a menos que utilicemos nuestro Sistema 2.


Un ejemplo concreto es cuando alguien nos pregunta si aprobamos el trabajo de nuestro presidente [por cierto yo no lo apruebo]. Para responder a esta pregunta es necesario pensar deliberadamente en lo prometido durante la campaña, en el desempeño económico, en el ánimo de la gente y en general en un sinfín de aspectos que necesitamos valorar para responder si el trabajo de un presidente es bueno o malo, pero prácticamente nadie hace ese ejercicio mental porque es desgastante y toma tiempo; la mayoría de las personas simplemente se hacen una pregunta sustituta y entonces contestan.


La pregunta sustituta típica suele ser: ¿me agrada el presidente?, y entonces responden si el trabajo del presidente ha sido bueno o malo dependiendo de si les agrada o no el presidente [a mí si me agrada, solo me parece malo para el cargo].


Desafortunadamente esta respuesta suele no tener nada que ver con si consideramos que el trabajo del presidente ha sido bueno o malo, ya que si el presidente nos agrada o no dependerá de un sinfín de circunstancias que son distintas para cada persona y para cada momento. Si el presidente es hombre y atractivo y tú eres mujer, quizá te agrade por ese simple hecho, aun cuando su trabajo sea malo. O si recientemente está en la prensa porque acaba de tener un amorío con una de sus internas en la Casa Blanca, como fue el caso de Clinton, quizá no te agrade y respondas que su trabajo es malo, aun cuando sea bueno.


Esto es algo típico y algo que hacemos en una infinidad de situaciones, aunque la mayoría no tienen consecuencias de importancia o relevancia, pero cuando esto te pasa con tus inversiones entonces puedes arriesgarte a perder tu dinero.


El problema de las variables propuestas por Kanheman es que no es suficiente con identificarlas, ya que ahora que has leído esto seguramente coincides con su postura y su tesis -yo coincido totalmente- El problema es que por más que seamos conscientes de que esto pasa, es típico que no podamos evitarlo, es típico que no seamos capaces de caer en estos errores.

Es por eso que en varios de mis artículos te he introducido a Benjamin Graham y he compartido contigo su definición de inversión. Si como propone Graham, para considerar que una operación califica como inversión es necesario que primero hagas un análisis exhaustivo, entonces te verás forzada a utilizar tu Sistema 2, a pensar de forma deliberada en lo que te proponen y en los riesgos y oportunidades que ello conlleva.


Si además de eso te haces consciente de la tendencia que tenemos los seres humanos a utilizar la intuición y los instintos en nuestras decisiones, así como nuestra tendencia a hacernos preguntas sustitutas cuando las preguntas correctas son complejas y demandan esfuerzo, entonces aumentarás tus probabilidades de no cometer errores y por lo tanto, de no perder dinero.


Por último y para terminar con la exposición de hoy, quiero hacerte ver que no perder dinero es más importante que ganar mucho durante unos años a costa de perder en otros.


¿Crees que ganando el 10% anual puedes hacerte millonaria?

La respuesta a esta pregunta es un SI rotundo, aun cuando mucha gente deseche una infinidad de opciones de inversión porque “solo” ofrecen rendimientos del 10%.


Cuando inviertes en opciones que prometen 20%, 30% o incluso más, es probable que corras más riesgos que cuando inviertes en opciones más conservadoras que prometen rendimientos menores. No me malinterpretes, si algo ofrece el 20% y tiene las mismas características y seguridad de algo que promete el 10%, por supuesto que debes invertir en el proyecto que ofrece mayor rendimiento, pero en la realidad casi nada promete más rendimiento por el mismo riesgo.

Si algo promete un mayor rendimiento es porque seguramente tiene un mayor riesgo.

La próxima semana te compartiré una tabla de interés compuesto y te contaré sobre Warren Buffett, uno de los mejores inversores de todos los tiempos.


Por leerme gracias, hasta la próxima.

Entradas Recientes

Ver todo