Las Islas de Enfermedad de la Vida





Hace solo unas semanas le sustituyeron a mi madre su marcapasos por uno nuevo. Al que tenía aún le quedaban algunos años de vida pero el corazón de mi madre necesitaba de un equipo más sofisticado. Estamos en una época en la que la tecnología controla muchas partes de nuestra vida y la salud es sólo una mas de ellas. El corazón de mi madre tiene tres problemas, es flojo, arrítmico y en ocasiones se duerme por unos segundos.

Estos tres problemas tienen nombres y explicaciones científicas mucho mas complicadas, pero el resumen es tan simple como aquí lo expreso. La flojera se controla con medicamentos para activar un poco al músculo, aunque es de hecho el problema mas difícil de solucionar porque aun no hemos creado un sistema que ayude al corazón a contraerse y expandirse con la fuerza necesaria cuando él no lo hace por si mismo. La arritmia (alteración en el ritmo cardíaco) la corrige un marcapasos, que es quien se encarga de que el corazón lata al ritmo adecuado y mi madre ya tenía uno precisamente para eso, pero el último de sus problemas y el más peligroso, es que su corazón se para en ocasiones por unos milisegundos o segundos y aunque siempre se reactiva sólo, el riesgo es que un día no arranque, así que para eso le pusieron un nuevo marcapasos que además es un desfibrilador, como los de las películas, un aparato capaz de mandar un impulso eléctrico directo al corazón y reactivarlo en caso que él no reaccione por si mismo.

Si mi madre hubiera nacido unas décadas antes seguramente ya no estaría viva, pero afortunadamente nació en un momento en el que la tecnología y la medicina han avanzado tanto que hoy es posible ayudar a un órgano como el corazón a cumplir varias de las funciones que debería hacer por si mismo. Eso y que es una guerrera que por más de 20 años ha luchado contra varias enfermedades complicadas como el cáncer y que hasta hoy ha salido siempre adelante.

La semana pasada me tocó a mí. Todo empezó al volante del coche con un malestar peculiar en la espalda media. Primero pensé que era una contractura o una mala postura, pero poco a poco la intensidad fue subiendo y el dolor localizándose en el centro del abdomen, a la altura de la boca del estómago. En cuestión de unos pocos minutos pasó de un malestar en la espalda a un dolor insoportable que me impidió seguir manejando, así que me paré a un costado del camino y bajé del coche a ver si conseguía calmar el dolor al cambiar la postura, pero nada funcionaba, el dolor era simplemente insoportable.

Subí de vuelta al coche y seguí mi camino terriblemente adolorido pero con el propósito de llegar a mi destino para estar tranquilo y calmarme - estos minutos adicionales de trayecto fueron verdaderamente insoportables. El dolor no bajaba y mi respiración empezó a verse afectada, mi caja torácica no se expandía adecuadamente y además de sentir un dolor insoportable al respirar sentía que no entraba suficiente aire; por un momento pensé que quizá tenía Covid-19 y era una crisis respiratoria o que mis pulmones no estaban funcionando correctamente.

Pero tan pronto esta idea pasó por mi mente se empezaron a dormir mis brazos y sentí mareo y nausea, tuve que tirarme al piso para no caer y mis manos se engarrotaron de una forma muy peculiar y no pude siquiera seguir sosteniendo el teléfono móvil. En ese momento cambió mi hipótesis y pensé que me estaba dando un infarto. Mi mente estaba a toda velocidad tratando de pensar qué hacer y cómo actuar, estaba desesperado, el dolor era insoportable y mis manos ya no respondían.

Afortunadamente para ese momento ya no estaba solo y mi ángel de la guarda me llevó a urgencias. Escogí el Hospital Español porque era el más cercano de mi ubicación y de camino llamé primero a uno de los doctores jefes del hospital para que estuvieran preparados para recibirme en el área de urgencias y después a mi hermano (que por cierto es médico y a mi juicio, por supuesto sesgado porque es mi hermano, muy bueno) para que me dijera qué hacer y qué pedir a la gente de urgencias.


El camino fue un viacrucis, no había una postura en la que tuviera consuelo, en prácticamente cualquier posición el dolor era verdaderamente insoportable y la falta de aire y dificultad para respirar una constante.

Ya en urgencias me canalizaron e inyectaron un calmante, lo cual me permitió calmarme y que me practicaran varios estudios. La odisea empezó a las 7:30 de la noche y terminó cerca de las 2 de la madrugada, que me dieron el alta por instrucción de mi hermano y marché a casa a descansar, o cuasi descansar porque aunque el dolor había bajado muchísimo aún tenía malestar en varias partes del área abdominal y espalda. Unas horas después, a las 6:30 sonó el despertador y arriba, a prepararse para ir a una cita al SAT para inscribir una empresa nueva que acabo de crear recientemente y que llevaba semanas intentando registrar ante Hacienda.


¡Sobre eso un ligero desvío en este artículo!


Para crear una empresa en este país (o por lo menos en esta CDMX) hay que ir ante un notario y constituirla, acto seguido obtener RFC y firma electrónica ante Hacienda. Pues bien, resulta que por la pandemia que estamos viviendo el SAT tiene capacidad reducida y hay más gente interesada en obtener una cita que citas disponibles, así que esto se volvió una carrera de ver quién es más rápido para encontrar una cita disponible en el sistema electrónico del SAT cada que abren las citas (según me dijeron los jueves por la noche). Mis contadores y la gente de mi oficina no tuvieron suerte y no conseguían cita, así que nos dedicamos a buscar una persona que a cambio de un regalo nos ayudara a conseguirla y voilá, logramos una cita para unos días después en la oficina de Oasis Coyoacán (creo que es lo mas lejos que encontraron).

A las citas tiene que acudir un apoderado con poderes suficientes y como la empresa es mía (con unos cuantos socios), me asigné poderes suficientes para eso y mas (o eso creía). Llegué a mi cita como siempre hago para temas de importancia, más de 30 minutos antes de la hora indicada. Una vez que me recibieron empezaron a revisar los documentos y acto seguido las primeras indicaciones de que habría problemas. El primer reclamo fue que el acta notarial no incluía los anexos, a lo que respondí que así me la había entregado el notario (quién además es amigo mío), pero ahí me dijeron que de acuerdo al artículo (no se cuál) debe venir con anexos. El segundo reclamo fue que mis poderes no eran adecuados, ya que aunque el acta me otorgaba poder especial para inscribir a la empresa en el registro federal de contribuyentes y obtener la firma electrónica, según ellos eso no era lo correcto y debía decir poder general para actos de administración. Y por último, que el notario había especificado a los socios con sus RFCs en la parte final pero que había cometido el error de especificar el RFC de los apoderados de tres empresas que eran accionistas de esta nueva empresa, en lugar de especificar el RFC de las empresas.

Pedí ayuda de un supervisor y cuando él no solucionó mi reclamo, entonces pedí hablar con el jefe de la oficina que resultó ser una señora nefasta y con cero ánimo de ayudar o vocación de atender a gente. Los más de 30 minutos que hablé con ella fueron una lección de por qué los notarios hacen mal su trabajo y los empresarios como yo deberíamos ser mas cuidadosos y escoger notarios y contadores que hagan todo perfecto (a ojos de estas autoridades que puedo constatar, lo único que disfrutan hacer es complicar la vida a la gente y hacer todo torpe y burocrático). Así que después de 2 horas de estar en esa oficina hablando con cuánta gente vino a ver mi tema, me marché sin RFC, sin firma electrónica y sin una nueva cita porque según me dijeron ahí mismo, en sistema ya no había citas disponibles.

Volví a llamar a nuestro intermediario y después de otro regalo conseguí otra cita para unos días después en la oficina del Centro en Reforma (esta por lo menos más cerca). Para esa cita obvio ya llevaba todo corregido como ahí me lo habían indicado, pese a que mi notario reclamó amargamente por tener que hacer su trabajo bajo el criterio de una autoridad fiscal y no bajo el criterio legal que es su especialidad. En esta nueva cita me salieron con una nueva sorpresa que en toda la revisión anterior, en la que específicamente pedí me dijeran todo lo que veían mal, no me indicaron. Se trataba del comprobante de domicilio, el cual debe ser de un socio de la empresa si es que la empresa no tiene aún un comprobante, el cual era nuestro caso. Yo llevé un comprobante mío, pero oh sorpresa, resulta que yo soy accionista a través de otra empresa de la que soy propietario y no directamente, así que mi comprobante de domicilio no sirve porque para efectos legales no soy socio de forma directa.

Nuevamente pedí hablar con cuantos supervisores y jefes me fue posible y finalmente uno de ellos me contestó (tal cual, no pongo un solo toque mío), si consigues tener aquí el comprobante en 5 minutos te lo paso, sino lo siento. A lo que respondí, pero como voy a hacer eso si tengo que llamar para pedirlo y después imprimirlo. Su respuesta, son las 9:01, tienes hasta las 9:06 y estás perdiendo el tiempo, tal cual! Llamé a mi oficina y mi contadora respondió rápidamente, a las 9:05 lo tenía en mi email y la chica que me estaba atendiendo se apiadó de mí y lo imprimimos ahí en su computadora. Finalmente conseguí inscribir la empresa en el RFC y después de 3 semanas de intentarlo y dos citas por las que hubo que pagar, esa parte estaba resuelta, pero la firma electrónica fue otro problema y en afán de no extenderme más con este que dije sería un ligero desvío, tan sólo te diré que eso no quedó y ya hemos dado otro regalito para nuestra tercera cita.


Después de este “no tan ligero desvío” sigo con mi artículo!

Mi día empezaba mal, había mal dormido sólo 4 horas y manejado hasta el centro para resolver un tema que me tenía bloqueado el avance de un proyecto, todo después de pasar la mitad de la noche en urgencias con un dolor insoportable, pero a veces así es la vida y hay que plantarle frente. Saliendo del SAT me fui a descansar un ratito y conseguí dormir 3 horas de corrido, aún con molestias pero mucho más cómodo que durante la noche. Desperté y al hospital, esta vez al ABC de Santa Fé donde trabaja mi hermano. Durante toda la semana que pasó mientras escribía este artículo, me practicaron cuantos estudios mi hermano consideró necesarios y hasta el momento en el que pulo estas palabras, el resumen es que aun no saben lo que tengo pero parece que no es nada grave.


¡Por cierto! Olvidé contarte que el mareo, el hormigueo en los brazos y el dolor en el pecho de mi primera crisis de dolor se debieron a que tuve un ataque de ansiedad y me hiper-ventilé, por lo que yo mismo me provoqué esos síntomas, que nada tenían que ver con el dolor del estómago y la espalda por donde todo empezó.


La medicina es una ciencia que parece más arte que ciencia porque se basa en descartar posibilidades una por una hasta llegar a una conclusión, en el entendido de que en ocasiones no son capaces de concluir algo específico y lo catalogan como idiopático [que no puede definirse una causa específica]. No sé si en eso acabarán conmigo pero por ahora llevo una semana desde que esto empezó y dos crisis de dolor [la primera mucho peor que la segunda] y un sinfín de estudios practicados [me han pinchado las venas 7 veces tan sólo esta semana].


Mi mejor amigo me contó recientemente una analogía, que no recuerdo si es inventada por él o por alguien más, pero que es más que adecuada a todo esto que hoy te he contado y que da el título a este artículo.

Si dividimos la vida en tres etapas, desde nacer a los 30 años, de los 30 a los 60 y de los 60 a los 90, podemos ver la primera etapa como un mar de salud, un lugar donde todo lo que se ve en el horizonte es agua, es decir, salud, y muy poquitas y pequeñas islas de enfermedades. En esta primera etapa casi todo es salud y las islas de problemas son muy pocas.


En la segunda etapa hay mas y mas grandes islas de problemas de salud en las que nuestro barco encallará con mayor frecuencia, en ocasiones por unas horas y en ocasiones por días o semanas. Pequeñas islas que representan gripas que en la primera etapa de nuestra vida prácticamente no nos afectaban y que en esta segunda etapa nos tiran en cama, pequeñas islas de problemas musculares que en la primera etapa no eran más que un tropiezo y que ahora nos toman semanas de rehabilitación y algunas islas más grandes que nos llevan al hospital o a tener que medicarnos de forma diaria para atender algún problema.


Pero en la tercera etapa todo cambia aún más y el mar ya no es un mar de salud con islas de enfermedad, sino que para esta altura ya es un mar de enfermedades con islas de salud, la moneda se invierte y la mayor parte del tiempo tienes algún problema que no te permite estar perfecto, o te duele un tobillo o la espalda, o tienes agruras o reflujo o sufres con frecuencia de los pulmones, el corazón ya no es el mismo y el estómago no procesa igual todo aquello que en tus dos primeras etapas le metías sin ningún contratiempo.


Así es la vida y es normal, el cuerpo se va desgastando por la propia edad que va teniendo y además por los cuidados o faltas de cuidado que con los años le vamos dando.

Mi madre ya está en su tercera etapa, a ella le queda disfrutar al máximo de sus islas de salud cada que esté en alguna de ellas y de aceptar con buen ánimo que la mayoría de sus días los pasará en un mar de enfermedades. Yo aún estoy en mi segunda etapa y aunque me pesa no ser el de hace algunos años que no se enfermaba de nada, me toca aceptar que mis islas de enfermedades ya son mas y que tendré de lidiar con ellas con mas frecuencia, tal como lo que viví a lo largo de esta semana y que aún no tiene un diagnóstico claro.


Por leerme gracias, hasta la próxima.

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