De vuelta a la normalidad








Pronto estaremos de vuelta a lo que hasta hace poco llamábamos normalidad, a esas vidas que dejamos atrás hace unos meses que nos asustamos y nos encerramos en nuestras casas. Pero ¿a cuál normalidad volveremos?


Hay quienes dicen que el mundo ha cambiado y quienes aseguran que todo será como antes, que solo es cuestión de tiempo. Yo no tengo claro si el mundo ha cambiado o cambiará, pero me es difícil imaginar un mundo igual al de antes mientras la gente no se sienta tranquila de estar en contacto con otros seres humanos.


La semana pasada escribí ampliamente sobre mi punto de vista acerca de la cuarentena. Si no me has leído puedes hacerlo aquí: ¿Es lógico seguir en cuarentena? En ese artículo expongo mi visión actual de las cosas. Hoy pienso que seguir en cuarentena es una mala decisión, no sólo me parece innecesario, sino que además me parece una estrategia económicamente suicida.


Ha sido uno de los artículos que más opiniones ha generado, no aquí en el blog, pero sí en redes sociales. Y es lógico, es un tema que está en la mente de todo el mundo porque preocupa a la mayoría de las personas. Pero los seres humanos somos muy viscerales y poco racionales. Aún la gente racional que conozco, gente que tiene una formación profesional estadística, me dio opiniones que miran poco los números y mucho a sus miedos.


No sólo eso, cuando en pláticas uno a uno o en chats con amigos interesados en el tema, he profundizado sobre mi punto de vista basado en números publicados por los gobiernos de España y USA, de mi parte siempre compartiendo bibliografía que ofrece estadísticas que respaldan mi opinión, algunas de esas personas terminaban por decir algo como: "Bueno, pero aún no sabemos si quienes superaron exitosamente la enfermedad tendrán consecuencias de salud a mediano y largo plazo."


Lo que está claro es que el ser humano está asustado. Dice un dicho gallego "O que ten cu, ten medo." Lo que quiere decir que todos alguna vez hemos sentido o sentiremos miedo.


Eso es lo que está pasando con esta pandemia, la gente ha preferido aislarse de todo, aún con los grandes costos económicos que esto conlleva. Pero no sólo están aislándose, además están ignorando la gran cantidad de información estadística que tenemos disponible y que muestra con total contundencia que la pandemia es muy peligrosa para la gente mayor de 60 años y para quienes tienen alguna comorbilidad (enfermedad preexistente), pero no para la vasta mayoría de la población.


Dudo mucho que seamos capaces de tomar decisiones con base en los números que tenemos hoy disponibles. ¿Por qué? Por tres sencillas razones:


  1. Podemos llegar a conclusiones erróneas y eso puede costar muchas vidas.

  2. Esas conclusiones debe tomarlas alguien y ese alguien no quiere cargar con la responsabilidad de decidir mal.

  3. Como con todo lo desconocido, aún no tenemos todas las variables y tomar decisiones con muchas incógnitas siempre trae sorpresas en el futuro.


¡El mundo está pecando de prudente y quizá ese sea el camino adecuado!

Pero independientemente de esto, la pregunta que hoy me hago y que traigo a tu atención es si la nueva normalidad será igual o parecida a la vida que teníamos hasta antes de que este virus llegara a nuestras vidas, o si será diferente.


¿Te imaginas ver una película en el cine?

El plan gradual hacia la nueva normalidad en la Ciudad de México [consúltalo aquí] que publicó el gobierno de la CDMX, tiene un sistema de semáforos (rojo, naranja, amarillo y verde) y en este esquema, los cines podrán llenar sus salas al 50% de ocupación desde el semáforo naranja. Los restaurantes, hoteles y servicios religiosos al 30% por ejemplo.


Por cierto, me llama la atención y me parece contra-intuitivo que un lugar cerrado con aire acondicionado y/o recirculado [como es una sala de cine] pueda estar al 50% de ocupación por 2 horas seguidas, mientras que un hotel que se dedica a vender habitaciones aisladas de otros seres humanos donde no se convive con nadie más que con quien se está dentro de esa habitación (del círculo cercano de cada quien), tan sólo pueda estar al 30%.


Esto me parece un sinsentido, igual que muchas de las opiniones que la gente tiene acerca de por qué debemos seguir en cuarentena.

Si me has leído antes sabrás que soy empresario y que gran parte de mis inversiones están en la industria hotelera, de forma que es lógico que esa sea una de las industrias de las que más hable; esa es finalmente una de las que mejor conozco.


Sé que hay mucha gente que no se ve en una sala de cine con 120 personas más (50% de ocupación de una sala promedio) y sin embargo si se ve hospedándose en una habitación de hotel. Ahora bien, esas mismas personas a las que he preguntado, se imaginan hospedándose en una habitación de hotel pero no están convencidas de subirse a un avión por un largo número de horas; nuevamente al igual que en la sala de cine, en un espacio cerrado con aire acondicionado y recirculado.


¿Y comer en un restaurante?

Te sentirás cómodo en un lugar abarrotado de gente con decenas, quizá cientos de mesas y meseros corriendo de un lado a otro tomando pedidos y llevando órdenes de comida. ¿Te pondrá nervioso ver las manos de quien te sirve cerca de donde pondrás tu boca en un vaso o una copa?


¿Y ver una obra de teatro, festival o evento escolar?

Tus hijos tendrán graduaciones, festivales y eventos. ¿Te sentirás cómodo en ese tipo de situaciones? Para un niño o una niña que termina primaria la graduación es algo importante, pasará a secundaria! Y para quien termina preparatoria y deja atrás lo que considera es hasta ahora la mejor época de su vida, lo será aún más.


Una cosa es detener la vida por unos meses y otra asumir que la vida, a partir de ahora será diferente. Dudo que la gente esté preparada para esto, lo dudo mucho.


¿Te imaginas a la gente con cubre bocas en todo momento?

Las imágenes de gente caminando en las calles de Shangai con cubre bocas son típicas, incluso mucho antes de esta pandemia. Los habitantes de este tipo de ciudades en oriente han utilizado cubre bocas desde hace años y hoy lo hacen más que nunca. En América, más aún, en Latino América ¿lo haremos también?


A partir de hoy lunes 1 de Junio y hasta nuevo aviso, el cubre bocas será obligatorio para estar en exteriores en la Ciudad de México. ¿Será esta la nueva normalidad a la que nos acostumbraremos?, ¿Por cuánto tiempo? Está curioso que podamos ir a un restaurante [aunque sea a un tercio de su capacidad] y sin embargo en la calle estemos obligados a traer cubre bocas. Finalmente es obvio que para comer en un restaurante el cubre bocas no podrá estar en nuestras caras.


El transporte público suele estar abarrotado en determinadas rutas y horarios, hay ciertas estaciones del metro que tienen aglomeraciones frecuentes y vagones que van a reventar. En ese tipo de situaciones es prácticamente imposible evitar el contacto frecuente con superficies y con otras personas, ya no hablemos de respirar las exhalaciones de decenas o cientos de personas que están respirando en un mismo espacio cerrado. Ahí por ejemplo, veo el cubre bocas como una gran decisión y su obligatoriedad me parece adecuada, no así para caminar por una calle o salir a correr, eso me parece ineficiente e innecesario.


Todas estas preguntas forman parte de la nueva normalidad que se avecina debido al miedo que contagiarnos de Covid-19 nos genera.

¡Para mí mucho de esto es un sin sentido!


Deberíamos estar actuando de otra forma. En un podcast reciente de Tony Robbins (si te interesa aquí puedes oírlo) escuché una frase que me parece describe perfectamente por qué estamos actuando erróneamente:


"Todo el mundo tiene derecho a sus propias opiniones, pero no a sus propios datos."

¡Los datos son los mismos para todos! Sin contar al artista de nuestro presidente que siempre tiene "otros datos", la realidad es que la información publicada por las organizaciones y dependencias gubernamentales de países serios, como Inglaterra, Italia, España o USA por ejemplo, está disponible para cualquiera que quiera consultarla y es muy vasta y completamente clara.


El resumen corto es que las personas menores de 60 años tienen un índice de mortalidad similar al de la Influenza. Y sí, la Influenza es una enfermedad seria, es un virus que mata mucha gente cada año; pero es algo con lo que hemos tolerado vivir y que no nos obliga a encerrarnos en casa y a distanciarnos de los demás.


¿Por qué entonces estamos valorando si un restaurante puede abrir sólo parcialmente o si los clientes tendrán o no miedo de comer ahí?


¿Por qué hay nuevos protocolos de seguridad que dependen de una autorización del IMSS para poder reabrir nuestros negocios?


¿Debería el gobierno decidir si nuestros negocios pueden o deben estar abiertos?


La línea entre lo que está bien y lo que está mal es a veces muy delgada y no está fácil valorar con inteligencia si el gobierno está actuando adecuadamente. Sin duda está actuando con cautela y eso no suele ser malo.


Me llama la atención que el presidente, un hombre de 66 años de edad, reanude desde hoy sus giras por todo el país. No me parece muy lógico que yo esté obligado a usar un cubre bocas si estoy en la calle en Ciudad de México y mis negocios tengan que permanecer cerrados, mientras el presidente está en mítines políticos de gira por diversas ciudades del país, obviamente conviviendo de cerca con lo que seguramente serán miles de personas.


Pero este artículo no se trata del presidente ni del gobierno, se trata de que te plantees las preguntas que a lo largo de este texto has leído, por favor hazlo. Vamos a elevar la conversación al siguiente nivel y vamos a intentar dejar nuestros miedos de lado y a pensar racionalmente, a ver si juntos como sociedad vamos poniendo las bases para volver a la normalidad.

Por leer, gracias, hasta la próxima.

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