¿Quieres ser millonario? Yo te enseño! - Parte 1

Actualizado: 16 de mar de 2020

Este artículo es el primero de una serie de textos que escribiré para decirte como hacerte rico. Y precisamente porque es el primero empezaré por analizar las razones por las que la mayoría de las personas nunca alcanzan la riqueza.


¿Cuáles son las razones por las que la mayoría de las personas no son millonarias?

  1. Porque nunca se plantean serlo.

  2. Porque tienen otras metas hacia las que dirigen su atención.

  3. Porque no conocen el camino y para ellos no existe un mapa o una guía, así que no saben hacia dónde ir.

A lo largo de mi vida he escuchado a muchas personas decir que su meta en la vida es superarse, pero superarse no es una meta concreta, no es algo medible y desde luego no es algo sobre lo que se pueda trazar un plan de acción.


Para ser millonario primero hay que querer serlo y después hay que estar dispuesto a ponerlo como una prioridad por encima de muchas otras. Querer ser millonario no es igual a tener el sueño o el deseo de serlo, no, quererlo ser significa que es una meta económica concreta con un plazo definido y con un plan de acción para lograrlo. Toda meta debe estar claramente definida y de la forma mas específica posible, tanto en cantidad como en fecha, sino en realidad no es una meta sino un simple deseo.

La mayoría de las personas no saben cómo generar riqueza, simplemente trabajan para vivir día a día muchas veces sin siquiera pensar en el mañana que ya no puedan trabajar, pero toda persona debe plantearse desde una temprana edad su meta económica en la vida y trabajar con enfoque para alcanzarla.


Principio I

Define un propósito claro


Está escrito en la Torá y en la Biblia que Moisés y el pueblo judío estuvieron 40 años en el desierto buscando llegar a la tierra prometida. No importa si eres o no una persona religiosa, de hecho yo no lo soy; lo que quiero decirte con esto es que tiene más importancia la meta hacia donde nos dirigimos que la rapidez con que lo hacemos.


Es mucho más fácil alcanzar aquello que te propones conseguir que aquello que ni siquiera está en tu mente. Si la riqueza es una de tus prioridades, si quieres encontrar el camino del éxito financiero, es necesario que te fijes una meta concreta y determines un plazo de tiempo para alcanzarla. No sirve de nada que digas: Quiero ser millonario, porque eso es un deseo, no un propósito. Y si bien el éxito empieza por desear, el deseo no es suficiente si no está acompañado de una meta concreta y un plan de acción para alcanzarla.


“No importa que tanta visión tengas, si no trasladas la visión a la acción pierdes contacto con la realidad, te conviertes en soñador”. Stephen R. Covey.


Empieza por definir un número, una cantidad específica de dinero que te gustaría tener y el plazo de tiempo en el que te gustaría alcanzar esa meta. Escríbelo en tu diario, tráelo contigo anotado en tu lista de pendientes y recordatorios, pégalo en el pizarrón de tu oficina, en tu habitación y en tantos lugares como te sea posible para tenerlo presente en todo momento. Las metas, mientras más presentes más alcanzables. Sé que parece exagerado tener que ponerlo en varios sitios y que incluso te parecerá incómodo o hasta inseguro exhibir tu propósito financiero en lugares visibles para los demás, pero lo que trato de decirte no es que lo exhibas o lo cuentes al mundo, lo que intento decirte es que para alcanzar tu propósito debes tenerlo presente en todo momento; escoge tú la forma más conveniente para que así sea, pero no olvides ponerlo en tu radar para tenerlo presente todo el tiempo, para que se convierta en un deseo ferviente.


Debes distinguir entre anhelar y desear, es decir, entre soñar y querer alcanzar. Hay mucha gente que anhela tener dinero, que le gustaría comprar una casa más grande o un mejor coche, pero debes entender que no importa cuánto anheles algo, si no lo deseas fervientemente es probable que no lo consigas porque no estarás dispuesto a tomar las decisiones necesarias para lograrlo.


Cuentan los viejos que durante alguna de las expediciones que se hicieron en tiempos pasados, un grupo de expedicionarios que viajaban en barcos para descubrir y colonizar tierras lejanas se vieron en una encrucijada al llegar a un nuevo puerto. El ejército local era mayor en número y pelear contra ellos llevaría un gran riesgo de perder, aun cuando las armas y estrategias de los expedicionarios fueran mejores. El líder de la expedición tomó la decisión de desembarcar en pequeños botes hacia la costa y quemar los barcos en los que habían llegado y en los cuales pensaban regresar. Al enfrentar a sus hombres les dijo: “Ven nuestros barcos que arden en llamas, esos barcos en los que pensábamos regresar a nuestra tierra. Pues bien, no tenemos más opción que conquistar o perecer”. Y conquistaron.

Toda persona que piense conseguir una meta o ganar en algo que se haya propuesto debe estar dispuesto a quemar sus barcos y cortar con todos los suministros que le hagan fácil retirarse de la batalla. Sólo haciendo esto podrás estar seguro de mantener el estado mental correcto y con deseos de victoria, algo necesario para el éxito. Si no tienes escapatoria, si no tienes forma de retirarte de la batalla, entonces es probable que pelees como nunca antes has peleado, que encuentres fuerzas donde pensarías no tenerlas y que busques alternativas y caminos que de otra forma no habrías visto.


“Lo que sea que la mente de un hombre pueda concebir y creer, puede lograr”. Napoleon Hill.


Cuando fijes tu propósito hazlo sabiéndote capaz de alcanzar aquello que te propones y teniendo confianza en ti mismo. Las únicas limitaciones que tendrás serán aquellas que tú mismo te pongas, no dejes que tu mente limite tus sueños; si lo que quieres es posible de alcanzar por el hombre y no está impedido por las leyes de la física, entonces seguramente podrás alcanzarlo siempre y cuando lo desees fervientemente, lo definas como un propósito claro y tengas un plan de acción para conseguirlo.


¿Cuántas historias hay de multimillonarios que empezaron de la nada, qué boleaban zapatos o vendían cosas de puerta en puerta cuando eran niños? Muchas, muchísimas. Cuando alguien te diga que estás loco, que lo que quieres es inalcanzable para ti, lee las biografías e historias de personas como Andrew Carnegie, Aristóteles Onasis, George Soros y Oprah Winfrey, entre un sinfín de personajes históricos y presentes que han alcanzado los escalones más altos de la riqueza habiendo empezado con nada.


Como ejemplo déjame contarte la historia de mi padre. Su historia es una historia increíble y a lo largo de esta serie de artículos te la iré contando detalle a detalle; lo haré porque es un ejemplo tangible de alguien muy cercano a mí y conozco todos los pormenores de su historia, y porque te darás cuenta que no importa el momento económico en el que vivas, no importa tu circunstancia y no importa lo que opinen y digan los demás, lo que importa es que tengas un propósito claramente definido, un deseo ferviente de conseguirlo y un plan de acción para lograrlo.


Su historia empezó hace más de 70 años en un pequeño pueblo de Galicia, en aquel momento una de las regiones más pobres de España. Mi padre viene de una familia de campesinos, gente de campo que se dedicaba a sembrar y criar ganado, gente que si bien no tenía para darse ningún lujo, por lo menos tenía para comer y vestirse, dos de las necesidades básicas del hombre que deben ser cubiertas para poder pensar en cualquier otra cosa. La casa era pequeña y construida de forma que en el piso superior dormía la familia y abajo los animales, esto para que el calor de los animales ayudará a calentar la casa durante el invierno. Era una casa muy pequeña con sólo 2 habitaciones, la habitación de mis abuelos y otra para todos los hijos, 4 niños y una niña.


La escuela del pueblo era gratuita y sólo tenía un maestro, no había diferentes materias ni diferentes cursos divididos por edad y el maestro no era ningún científico o catedrático con grandes estudios, era simplemente el personaje más estudiado que estaba disponible y que se encargaba de enseñar por igual y al mismo tiempo a niños de 6 años como a niños de 11 años. La escuela era muy pequeña y prácticamente no existía ningún material didáctico para apoyar las clases, el propósito era enseñar a los niños a leer, escribir, hacer operaciones matemáticas simples como sumar, restar, multiplicar y dividir, algo de geografía, algo de historia de España, algo de conocimientos generales y listo, una vez que un niño dominaba esos temas entonces a dejar espacio para otros niños más pequeños.


Es un hecho que cualquier escuela primaria pública o privada de hoy en día enseña una educación más completa que la que tuvo mi padre a lo largo de toda su vida. Galicia era una región pobre y mal comunicada con el resto de España, así que el futuro económico de la familia no parecía tener como mejorar. Poco a poco los hijos fueron emigrando a otros países, primero a Francia, que estaba muy cerca y ofrecía mejores salarios y después a América, donde todo el mundo parecía tener una mejor vida.


Mi padre emigró a los 17 años hacia Francia, donde ya estaban algunos de sus hermanos trabajando como albañiles en la industria de la construcción. Se hospedó en una pensión económica donde se hospedaba gente que no podía pagar una renta en una vivienda digna, allí se pagaba la estancia por semana y por adelantado, precisamente porque el casero sabía que sus huéspedes no eran personas con una buena economía y si no cobraba por adelantado corría el riesgo de no poder cobrar después. La primer semana estaba pagada por sus hermanos y eso le dio la calma para buscar trabajo lo antes posible.


Obviamente empezó presentándose en la construcción donde ya trabajan sus hermanos, pero al ser menor de edad la ley no permitía que tuviera un trabajo de peón o albañil como sus hermanos, así que tomó un trabajo de mensajero en la oficina del director de obra. Esto le abrió los ojos a un mundo que mi padre desconocía, un mundo donde se dio cuenta que había gente que no tenía solo un coche, sino varios, que además tenía chofer y personal de limpieza en casa, un mundo en el que había gente que gozaba de unas comodidades que para mi padre eran impensables. También vio documentos y estuvo presente en gestiones que de otra forma nunca hubiera visto, lo cual abrió su mente y cambió para siempre su forma de pensar.


Uno de sus hermanos, el mayor, ya había emigrado hacía años para México y estaba teniendo éxito en el sector hotelero. Con la ayuda de un tío y su habilidad para hacer negocios se había hecho de un pequeño patrimonio y ya gozaba de ciertas comodidades que para mi padre eran un sueño, como tener una casa propia, un coche y personal de servicio que ayudara en los quehaceres cotidianos de la casa. Cuenta mi padre que cuando llegó a México se entristeció mucho porque la imagen que daba la Ciudad de México era mucho más sencilla, pobre y de poco desarrollo al compararla con París o Madrid. Las calles estaban mal pavimentadas, había hoyos por todos lados, vendedores ambulantes, pequeños edificios que parecían no estar terminados y sin embargo estaban habitados, y en general una pobreza que parecía ser aún mayor que la que había en Galicia, aunque también había zonas desarrolladas y bonitas, donde las diferencias con las grandes capitales europeas eran pocas o inexistentes. La casa de su hermano era una casa bonita y aunque no estaba en una de las mejores zonas de la ciudad, estaba mucho mejor de lo que mi padre había imaginado y esto le animó a seguir.


Su primera mañana fue como un sueño, en aquella mesa se presentó un desayuno que parecía un festín para dioses, jugo, café, fruta, pan dulce, huevos, mermelada y un sinfín de cosas que hoy prácticamente todo el mundo da por hecho y que para mi padre eran un lujo impensable. Había una sirvienta que había preparado el desayuno y servía la mesa, algo que igualmente impactó a mi padre. Mientras se adaptaba al lugar y tomaba su ciclo normal de sueño, allí pasó sus primeros días, sin ir a trabajar, ayudando a su cuñada en las cosas de la casa y a su hermano con pendientes personales; hasta que un día se acercó a su hermano y le preguntó: ¿cuándo puedo conocer tus negocios y ponerme a trabajar?, a lo que su hermano contestó, finalmente, pensé que nunca preguntarías, hoy mismo.


Para este momento mi padre ya tenía en su mente un deseo ferviente por lograr un futuro mejor que el que sus padres podían ofrecerle, por eso emigró tan pequeño a Francia y buscó trabajo como albañil y por eso estuvo dispuesto a vivir en una pensión en la que cualquier persona de clase media o media baja no hubiese querido meterse por ninguna razón. Sus habilidades eran limitadas, era gente de campo, no tenía grandes estudios y ni siquiera hablaba francés, sin embargo estos factores no fueron limitante para que en unos días consiguiera trabajo de mensajero y que en unos meses hablara el idioma local y fuese aprendiendo cosas que desconocía, además de ahorrar y ahorrar para poder viajar a América, algo que estaba presente en su mente en todo momento.


En aquel momento su propósito aún no era claro y por lo tanto no estaba bien definido como lo estaría unos años después, pero ya existía una meta y un deseo ferviente para alcanzarla. Según fue aprendiendo en su trabajo de mensajero en París y según fue ascendiendo, unos meses después se hizo ayudante personal del director de obra de la constructora, su propósito fue tomando forma y empezó a plantearse vivir en una casa propia, con un coche y personal de servicio, dirigir un grupo de empleados y tener una empresa propia; aun un propósito borroso y no del todo claro, pero que poco a poco empezaba a tomar forma. Ya en México fue tomando coraje para dar forma a sus metas. Al ver a su hermano tan sólo 10 años mayor ya con éxito y habiendo superado todas las metas que mi padre se había fijado, empezó a pensar en lograr cosas aún más grandes.


Después de unos meses de trabajar en la empresa de su hermano y vivir en su casa, mi padre se entristeció nuevamente porque se dio cuenta que para poder tener lo que para ese momento ya tenía su hermano tenía que abrirse su propio camino o en su caso pedir a su hermano que le apoyara en proyectos donde mi padre tuviera una participación, porque con el sueldo que le pagaba no llegaría nunca muy lejos. Mi padre no tenía el coraje para hablar con su hermano y el tiempo seguía pasando, así que mi padre se fue amargando cada vez más y las fricciones entre los hermanos aumentaron, hasta que un día mi padre habló con su hermano y le dijo que no se adaptaba al país, que extrañaba las ciudades y el estilo de vida europeo y que no se sentía a gusto en México. Mi tío le preguntó si tenía alguna meta específica o simplemente quería regresarse y mi padre contestó que había decidido juntar dinero suficiente para comprar un camión refrigerado y dedicarse a transportar marisco gallego hacia Madrid y Barcelona, lo cual era cierto y era algo que mi padre ya había pensado antes de siquiera emigrar para Francia.


Mi tío le preguntó a mi padre cuanto estimaba que costaría el camión y mi padre contestó con la cantidad que consideró cubriría todos los gastos para poder comprarlo. Mi tío tomó su chequera y de inmediato hizo un cheque por la cantidad correspondiente en favor de mi padre y le dijo: no pierdas más tiempo, toma el dinero y vete, compra tu camión y haz tu propio camino allá donde te parece que te irá mejor, aquí tienes un hermano pero no tendrás quien te apoye más. Mi padre tomó el cheque, lo guardó en el bolsillo de la camisa y dejó de ir a trabajar. Así estuvo un par de días pensando sin tomar una decisión definitiva, hasta que un día por la noche se acercó a su hermano y le dijo: aquí está de vuelta tu dinero, agradezco la lección que me has dado y quiero que sepas que aquí me quedaré y trabajaré de sol a sombra hasta que pueda algún día hacer un cheque para dar una lección a un hermano con tanta facilidad como tú lo has hecho conmigo. Y lo demás es historia, aunque será precisamente la historia que te iré contando a lo largo de esta serie de artículos.


Este fue el momento decisivo, el momento en el que mi padre definió con claridad un propósito y acompañado de su deseo ferviente de tener una mejor vida de la que podrían ofrecerle sus padres, decidió que desarrollaría el plan de acción para llevarlo a cabo. Aun no tenía claro con exactitud cómo lo haría, pero ya tenía claro que sería capaz de lograrlo y que sus probabilidades de tener una mejor vida estaban en México y no con su camión refrigerado en España, razón por la que decidió quedarse.


Esta, como todas las historias similares tiene muchos puntos finos en los que podríamos perdernos, pero lo importante del mensaje que quiero transmitirte, lo importante de la historia, es que mi padre definió a una temprana edad que quería una vida mejor que la que podría tener quedándose donde nació, así que decidió salir a la aventura, no a lo loco, no a ver que se encontraba, no, salió con un plan, que aunque incompleto por lo menos tenía ya dibujados los primeros puertos de parada: A Francia con dos de sus hermanos hasta juntar dinero suficiente para ir a México con su otro hermano. Como en todo viaje, en el camino fue aclarando su mente y aprendiendo cosas que después le serían de utilidad en su vida para alcanzar sus metas.


Y precisamente como ya te dije antes, tiene más importancia la meta hacia donde nos dirigimos que la rapidez con que lo hacemos, así que debes ir definiendo tu propósito desde ahora, no esperes a que haya terminado de escribir esta serie de artículos sobre la riqueza, no esperes ni siquiera a mañana, defínelo ya, ahora, ponte a pensar en esto y empieza por definir tu propósito económico. Define un número, un monto específico. No sirve decir: “Quiero ser rico, quiero tener mucho dinero”. Es importante que tengas un propósito claro y bien definido, ¿si no sabes hacia dónde vas, cómo piensas llegar? Decide una fecha para conseguirlo, pon un plazo específico en el tiempo. Y define cómo piensas lograrlo. Tampoco sirve de nada soñar, cualquiera puede hacer eso dormido o despierto, pero eso no es tener un propósito claro, eso es anhelar o peor aún, soñar, fantasear.


No te limites porque estés empezando desde muy abajo, recuerda que mi padre había definido como su meta el dinero suficiente para comprar un camión refrigerado, una cantidad que en aquel momento le parecía una fortuna y con lo que se sentía satisfecho; sin embargo, después de ver la facilidad con la que su hermano podía disponer de esa cantidad se dio cuenta de que era una meta mediocre y que debía fijar metas más ambiciosas. Piensa bien en tu meta económica, no definas una cantidad mediocre, pon metas que sean difíciles de alcanzar, posibles, creíbles por ti mismo, pero difíciles de alcanzar.


“Debes fijar tus metas lejos de tu alcance, de forma que siempre tengas algo por lo que vivir”. Ted Turner.


Así que cuando definas tu propósito, hazlo de forma que sea un verdadero reto a largo plazo. No fijes una cantidad fácil de conseguir, decide algo que represente un verdadero reto y que realmente te haga sentir una satisfacción personal grande. Pero cuidado, no fijes una cantidad que sea imposible alcanzar, fijar metas inalcanzables sólo acabará con tu espíritu de seguir.


Si crees que eres capaz de algo, si estás convencido de que puedes llegar a una meta en lo específico, no importa que tan grande e inalcanzable parezca, si de verdad crees que puedes lograrlo y si tienes un plan de acción para hacerlo, podrás lograrlo. Para ello tan sólo es necesario tener:

  • Un propósito definido (el conocimiento de lo que uno quiere lograr).

  • Un plan para conseguirlo (la estrategia para lograrlo).

  • Un deseo ardiente de alcanzarlo (las ganas imparables de ganar porque te sabes sin barcos para regresar).

Muchas de las personas que tienen una situación financiera complicada están infelices en su trabajo y ven cada día pasar esperando a que termine para ver que les depara el que sigue, están en trabajos que cualquiera puede hacer, de baja responsabilidad y que ofrecen una remuneración baja. Se escudan en que no tienen estudios ni una preparación específica que les permita sobresalir y permanecen así toda su vida. Toda esta gente puede salir de este círculo de mediocridad y lo único que necesita para hacerlo es fijarse el propósito de salir de esta situación, el propósito de tener un mejor trabajo, de ser felices y disfrutar cada día. Imagínate si mi padre hubiera pensado de esta forma donde estaría hoy y que hubiera logrado; no lo sabremos nunca pero obviamente podemos suponer que habría tenido una vida similar a la que tuvieron sus padres.


En el día a día de mi vida veo gente que piensa de esta forma negativa, gente mediocre que sólo sabe quejarse de la mala suerte que tiene y que no se plantea como cambiar; algunos de ellos trabajan para mí por unas semanas o unos meses y después simplemente dejan de venir al trabajo o renuncian para buscar otro trabajo similar y permanecer en este círculo de mediocridad, pero en ocasiones veo gente que tiene un perfil distinto, positivo, atractivo y bien definido, es gente que llega temprano siempre y no necesita dar explicaciones sobre el tráfico o un sinfín de pretextos que utilizan aquellos a los que todo parece salirles mal, es gente que no falta nunca al trabajo y no inventa pretextos o historias para justificar sus errores, son productivos y se ofrecen para hacer labores de mayor responsabilidad tan pronto ven que una oportunidad se presenta. Están ahí cuando las oportunidades aparecen y están listos para tomar las riendas y resolver los problemas tan pronto como estos surgen.


A lo largo de mi vida he visto muchas personas con estas características positivas y puedo decir con alegría que muchas de ellas siguen trabajando para mí, algunas en posiciones de administración y dirección. Otros sin embargo se han ido para tomar oportunidades que les han ofrecido o para buscar más crecimiento del que yo he podido ofrecerles, pero en todos los casos la dinámica es siempre la misma, son gente que no importando el nivel donde empiecen sobresalen de los demás e incluso llegan a volverse necesarios. Es gente con visión de vida, con metas claras y bien definidas, con ganas de tener más responsabilidad a su cargo, de seguir avanzando siempre hacia delante, gente como mi padre, que no importando su situación deciden hacia donde quieren ir y trabajan para conseguirlo.


Y la principal diferencia entre los que sobresalen y los que no es siempre la misma, aquellos que sobresalen tienen un propósito definido en su trabajo y en su vida.


“Un objetivo en la vida es la única fortuna que vale la pena encontrar. Y no se encuentra en tierras lejanas, sino en el corazón mismo“. Robert Louis Stevenson.


Sé que te parecerá difícil empezar y definir ese propósito o serie de propósitos, pero una vez que te propones tener una visión de vida clara y que trabajas en tu mente por una meta en concreto, todo es más fácil. Si aún no has definido tu propósito, hazlo, defínelo ya, no esperes más.


Como bien dice el proverbio chino: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años, el segundo mejor momento es ahora”.

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