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La vida debe ser como un viaje





La mayoría de las personas centran su mirada en el resultado final y se fijan poco en el trayecto, en el proceso, pero a mi juicio eso es un error que forma parte de la educación de muchas personas. Desde luego cada cultura es distinta y esta afirmación (que más adelante desarrollo para que no parezca algo tan genérico) puede no aplicar para muchas personas, pero españoles y mexicanos por igual suelen fijarse en el lugar al que quieren llegar y menos en el camino que recorren para lograrlo.


De mi padre ya te he hablado bastante en la serie de artículos “Como ser Millonario”, y él es un buen ejemplo de este fenómeno al que me refiero. Por años, él y sus amigos dejaron de vivir para podernos dar a nosotros, sus hijos, una mejor vida. Y aunque mi padre quizá ya tuvo un camino menos tortuoso y supo disfrutar algo mas que los que lo rodeaban, aún así se privó de muchísimas cosas por fijarse sólo en el objetivo y no en el recorrido.


Para él lo importante era tener la tranquilidad de lograr un patrimonio que le permitiera garantizar a su familia una vida como la que él no tuvo. La educación tenía que ser privada no importando el costo, porque esa era la mejor (en México esta aseveración era y sigue siendo correcta), pero las salidas a restaurantes, al cine o a tomar la copa y los viajes a conocer otros países eran lujos que no estaban permitidos porque se interponían con la meta principal de acumular dinero.


El gozar la vida podía esperar. Lo importante no era gozar el camino sino alcanzar el objetivo.

Esta forma de ser y de actuar se vió reflejada hasta en los viajes, en nuestras vacaciones. Viajar con mi padre cuando niño siempre fue un evento estresante, para él, para mi madre y para nosotros sus hijos. De mi madre he hablado poco, muy poco, pero ella es quien realmente nos educó, mi padre estaba siempre trabajando o por lo menos fuera de casa. Mi madre fue con quien pasamos la mayor parte del tiempo durante nuestra infancia y siempre fue espectacular como mamá, nos daba su tiempo sin ninguna restricción, no sólo nos llevaba (como nuestro chofer) a cuántas actividades teníamos, sino que además platicaba con nosotros, jugaba con nosotros y era quien respondía a la mayoría de nuestras preguntas.

Para ella viajar era emocionante, una aventura que se disfrutaba desde que escogías que ropa llevar, hacer la maleta podía tomarle dos o tres días, lo hacía siempre a un ritmo que para cualquiera de nosotros parecía terriblemente lento, pero velocidad no era su prioridad, para ella la prioridad era escoger prendas para los diferentes momentos que su mente imaginaba habrían durante el viaje. Mi padre por el contrario hacía su maleta en menos de 1 hora y obviamente era perfecta, todo estaba doblado de una forma que cualquier general del ejercito apreciaría. La maleta de mi madre tenía orden pero también tenía caos, en parte por esa forma caótica de empacar durante días y en parte porque la cantidad de ropa y accesorios que llevaba era mucho mayor.

Pero viajar con mi madre era divertido, llevaba cartas para jugar en el avión, una o dos revistas para leer, algún pasatiempo (en aquella época no existía Sudoku así que eran crucigramas) y snacks (no en balde tanto mi hermano como yo fuimos gordos durante algunos años de nuestra niñez). Mi padre la veía como si eso estuviera mal, pero a mi madre siempre pareció no importarle (menos mal porque para nosotros su forma de viajar siempre fue mejor).


 

Para mi padre lo importante era llegar al destino final y luego entonces comenzar a divertirse, el proceso de sacar el vuelo, hacer maletas, aeropuerto y aviones, taxis y finalmente llegada al destino de vacaciones, era precisamente sólo un proceso. Para mi madre eso ya era parte de las vacaciones y algo que podía disfrutarse y hacerse divertido.

 

Con mi madre ir a la playa era toda una aventura. En España las playas no son como en México, bueno, no son como en México para los ricos. Las playas en España son, en su mayoría, como las playas de los pobres en México. Me refiero a que no hay camastros con toallas calientitas y sombrillas, ni meseros que van hacia donde estás tumbado como un muerto viviente que se encuentra en algún desierto ya sin fuerzas para moverse y que lo único que necesita es una cerveza, como si esto fuera el agua que le revitalizará. Así que en mis vacaciones de verano en España, ir a la playa era toda una aventura a la que llevábamos de todo con nosotros, incluido desde luego algo que merendar (esa actividad que en España hacemos cuando niños entre la hora de la comida y la cena).

La aventura para mi mamá comenzaba desde que se preparaban los bocadillos, en ocasiones de chorizo o jamón (serrano por supuesto) y en otras de chocolate o Nocilla (el equivalente de Nutella en España).


Para mis amigos kosher y aquellos que no comen cerdo, lo único que tengo por decir es que según la Torah el cerdo es un animal sucio no digno de ser comido por el hombre, pero según el paladar de quien escribe estas líneas, el cerdo es delicioso en muchas de sus presentaciones. Y eso que hoy puedo darme el lujo de comer ibérico. De aquella nos conformábamos con serrano.

Cuando niño yo no era capaz de distinguir estas sutiles diferencias entre mi padre y mi madre, pero hace años que soy capaz de hacerlo y aunque sé de sobra que en carácter y personalidad me parezco mucho mas a mi padre, en mi forma de vivir y de viajar soy sin duda mucho más como mi madre. Desde mis primeros negocios vi el camino como parte del viaje; para mi el resultado final es desde luego el objetivo, el destino al que quiero llegar, pero el camino que recorro para lograrlo es lo mas importante porque para muchas cosas de la vida es incluso lo que mas tiempo toma.

También hay quienes viven la vida cargada hacia el otro lado de la moneda, algo que igualmente le pasa a mucha gente. Me refiero a esos que lo único que quieren es pasar bien el momento presente sin preocuparse por el mañana. A esas personas suele irles mal a largo plazo porque la falta de planeación es normalmente el principio del fin. Pero en este artículo no me enfoco en ellos, en esta ocasión estoy hablando de los que sí tienen un destino claro y que además han decidido postergar cualquier tipo de goce hasta alcanzarlo.

Cuando digo que la vida debe ser como un viaje lo digo literalmente y con todo su potencial significado. Nadie (o casi nadie) viaja sin un destino específico. Si vas a tomar un viaje es porque sabes a dónde vas, así que ya tienes el punto final claro. En la vida debe ser igual, primero es necesario que sepas hacia donde te diriges y entonces puedes comenzar a planear como llegar allí. La planeación ya es parte del viaje y algo que ya puedes comenzar a disfrutar.

Cada persona disfruta de diferentes cosas, hay quienes lo que quieren es ver la mayor cantidad de atractivos turísticos de una ciudad y hay quienes quieren ver sólo algunos y además tomarse el tiempo para comer en buenos restaurantes. Hay quienes quieren comer la comida típica del lugar y hay quienes quieren probar la comida del lugar pero desde una perspectiva más turística.


Muchos viajeros utilizan guías para que les expliquen lo más importante de cada lugar y para conocer de la historia y hay quienes van a la aventura y sin guía. Pero en cualquier caso, la mayoría de las personas que salen a conocer ciudades de otros países (más aún cuando son países lejanos o de lenguas extrañas) suelen ir con un itinerario y un plan de viaje más o menos detallado.

¿Por qué no vivir así?


Nadie decide irse de viaje a conocer varias ciudades de China y saca el vuelo, el hotel y listo, vámonos a China. La mayoría de las personas investigan entre conocidos y amigos que es lo que hay que conocer y a qué ciudades vale la pena ir. Visitan un sinfín de páginas web con información acerca de qué actividades hacer y solicitan cotizaciones y planes de guías para tener un plan formal antes de llegar al lugar. Vivir la vida debe ser igual, porque sino resulta que llegarás a tu destino y entonces no sabrás qué hacer, pero con la gran diferencia que en tu vida el tiempo que te habrá tomado hacer el recorrido habrá sido la mayor parte del viaje.

Hasta hace no muchos años mi meta de vida era económica casi exclusivamente, pero con la madurez (o la falta de capacidad de lograr tan ambiciosas metas) me he dado cuenta que las metas de vida deben ser de muchas áreas y no sólo del área económica.


Además me di cuenta que si para lograr la meta que te has fijado debes sacrificar el disfrutar del viaje, entonces esa es la meta equivocada. Vivir con un objetivo en mente solo porque en algún momento de vida te fijaste un objetivo arbitrario es un grave error. Yo hoy disfruto mucho más la vida de lo que hace unos años me permitía disfrutarla; aún por debajo de los estándares de mis mas cercanos conocidos, por lo menos en lo que a horas de trabajo se refiere (todos dicen que trabajo mucho, aunque supongo que realmente se refieren a que trabajo muchas horas para lo poco que produzco), pero sin duda hoy disfruto mucho más que antes.

En la vida el recorrido es quizá lo más importante. Una vez que tengas claro tu destino debes organizar tu vida para disfrutar el recorrido porque sino te verás con 60 o más años y sin haber vivido en consecuencia. Mi recomendación es que actúes más como mi madre y menos como mi padre, estoy seguro que serás mucho más feliz y tendrás muchas mas vivencias que te harán una persona más plena y completa en tu vejez.

Por leerme gracias, hasta la próxima.

1 comentario

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1 Comment


Sandra KG
Sandra KG
Aug 10, 2020

100% de acuerdo contigo. Una combinación de las dos harán de la vida un gran viaje! Definitivamente hay que disfrutar el camino porque si dejamos todo para el después, cuando llegue el después podemos ya no tener las ganas de hacerlo, o los hijos ya hicieron sus vidas y ya no quieren disfrutarlo con nosotros.

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