Invertir en tiempos de crisis: lo que la guerra en Irán puede enseñarte sobre tu dinero
- Man Salceda

- hace 20 horas
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Por Man Salceda
Estoy escribiendo esto un sábado y mientras tanto tengo las noticias de fondo. Llevo tres semanas viendo lo mismo: misiles, petróleo subiendo, analistas gritando, y gente que conozco preguntándome si deberían vender todo. Uno de mis amigos me llamó el martes pasado, genuinamente asustado, para decirme que estaba pensando en liquidar su portafolio completo porque “esto se va a poner peor.”
Le pregunté: “¿Qué tienes en tu portafolio?” No supo contestarme con precisión.
Y ahí está el problema. No es la guerra lo que te va a hacer perder dinero. Es no saber qué tienes y por qué lo tienes.
Hoy el Estrecho de Ormuz lleva semanas prácticamente cerrado. Por ese estrecho pasa una quinta parte del petróleo del mundo. Hay más de 3,000 barcos varados en el Golfo Pérsico esperando a que alguien les diga que ya pueden pasar. El barril de crudo superó los $112 dólares. Los mercados bursátiles han perdido más de $3 billones de dólares en capitalización y el S&P 500 está en su punto más bajo del año.
Si abres tu cuenta de inversión hoy, los números se ven feos. Si abres las noticias, se ven peor. Y tu instinto te dice que hagas algo — lo que sea — porque quedarte quieto se siente como no estar haciendo nada.
Pero quedarte quieto muchas veces es exactamente lo que tienes que hacer.
En mi artículo anterior hablé de la definición de Benjamin Graham que separa una inversión de una especulación. Hoy quiero usar esa misma definición para evaluar lo que está pasando con la guerra, porque la pregunta correcta no es “¿qué va a pasar?” — eso nadie lo sabe. La pregunta correcta es: ¿cambió el valor de lo que tengo, o solo cambió el precio?
Invertir en tiempos de crisis: lo que nos enseña la historia
La guerra en Irán no es la primera vez que el mundo se siente al borde del precipicio. Y no será la última.
Cuando Iraq invadió Kuwait en 1990, el S&P 500 cayó 16%. Seis meses después se había recuperado por completo. Cuando Estados Unidos invadió Iraq en 2003, los mercados cayeron y luego subieron 30% en los siguientes 12 meses. Cuando Rusia invadió Ucrania en 2022, el patrón fue el mismo: caída por miedo, pánico generalizado, recuperación.
El Stock Trader’s Almanac analizó 17 conflictos geopolíticos desde 1939 y encontró que la caída promedio del S&P 500 en la primera semana después de un shock es de apenas 1%. Y doce meses después, el promedio es positivo.
¿Quiere decir esto que no hay riesgo? Claro que no. Lo que quiere decir es que históricamente le ha ido mejor al que se queda quieto que al que reacciona con el estómago. El que vende en pánico convierte lo que pudo haber sido una caída temporal, en una pérdida permanente. Y esa pérdida permanente es la peor de todas, porque no solo pierdes lo que tenías — pierdes todo el crecimiento futuro que ese dinero te hubiera generado. Es exactamente a lo que Munger se refería cuando decía que no debes interrumpir el interés compuesto innecesariamente.
Qué es diferente esta vez — y cómo decidir
Siempre hay alguien que dice “esta vez es diferente.” Y en parte tiene razón, porque cada crisis viene con su propia combinación de circunstancias. La guerra en Irán tiene cosas que no habíamos visto juntas: el Estrecho de Ormuz cerrado, drones iraníes golpeando refinerías en Kuwait, Iraq declarando fuerza mayor en todos sus campos petroleros operados por extranjeros, y Estados Unidos teniendo que levantar sanciones sobre petróleo iraní para aliviar la crisis energética que su propia guerra provocó. Es un desastre.

Pero ahora hazte la pregunta de Graham: ¿cambió el valor intrínseco de lo que tengo?
Si tienes acciones de empresas que venden productos que la gente necesita todos los días — alimentos, productos de limpieza, medicinas — esos negocios siguen vendiendo exactamente lo mismo que vendían antes de la guerra. La gente no deja de comer porque haya bombas en Irán. El negocio subyacente no cambió. Lo que cambió fue el precio al que el mercado te lo ofrece.
Ahora, si todo tu dinero está en una aerolínea o en una empresa que depende del petróleo barato para sobrevivir, entonces tienes un problema real porque la guerra cambió los fundamentales del negocio. Pero eso no es un argumento para vender todo. Es un argumento para saber qué tienes y por qué lo tienes — que es exactamente lo que mi amigo del teléfono no sabía.
La crisis no te dice “vende todo.” Te dice “separa lo que está roto de lo que solo está asustado.”
Qué estoy haciendo yo
Meses antes de que empezara la guerra moví una parte de mi portafolio hacia empresas más defensivas — de esas que venden cosas que la gente compra llueva o truene. No porque haya predicho la guerra, nadie la predijo. Lo hice porque cuando las cosas se ven demasiado tranquilas y los precios están altos, lo prudente es bajarle al riesgo. Es como asegurar tu casa contra incendios: no lo haces porque esperes que se queme, lo haces porque sabes que los incendios existen.
También puse protecciones en mis posiciones más grandes. Hay formas de poner un piso a tus inversiones sin tener que venderlas, algo así como comprar un seguro que limita cuánto puedes perder. No es gratis, tiene un costo, pero te permite dormir tranquilo cuando el mundo se pone de cabeza.
Y lo más importante: tengo pólvora para poder invertir en posiciones que sigo si estas llegan a precios atractivos. Pólvora para comprar cuando el mercado me ofrezca buenos precios en empresas que quiero tener. Muchos ven el efectivo como dinero que no está trabajando. Yo lo veo como munición. Cuando las buenas empresas se ponen en oferta por pánico, el que tiene efectivo puede comprar. El que está invertido hasta el último peso solo puede ver cómo bajan sus números.
¿Qué no hice? No vendí nada en pánico. No compré la empresa de moda. No cambié mi estrategia. No tomé decisiones basadas en titulares de noticias.
Esto es la definición de Graham aplicada con disciplina: si hiciste tu análisis antes de invertir y el negocio sigue siendo el mismo, no tienes que hacer nada diferente solo porque el precio bajó. Si no hiciste tu análisis, entonces el problema no es la guerra — es que estabas especulando sin saberlo.
Diversificar ayuda a gestionar el riesgo
Hay una lección que todas las crisis refuerzan y que la mayoría ignora hasta que es tarde: la concentración excesiva.
Si el 100% de tu dinero está en una sola cosa y esa cosa resulta afectada por la crisis, no tienes margen de maniobra. Si todo está en petróleo y mañana el conflicto se resuelve, el precio se desploma y tú con él. Si todo está en tecnología y los precios de energía se mantienen altos durante meses, la presión puede ser brutal.
Justo en mi artículo anterior comenté que cualquier serie de números multiplicada por cero es igual a cero. No importa cuántos años de buenos rendimientos lleves — un solo error catastrófico te saca del juego para siempre. Diversificar no es una estrategia sofisticada. Es la forma más básica de asegurarte de que ninguna sola decisión pueda eliminarte.
La guerra en Irán va a terminar. Todas las guerras terminan. La pregunta no es si los mercados se van a recuperar — históricamente siempre lo han hecho. La pregunta es si tú vas a estar ahí cuando eso pase, o si el pánico ya te sacó del juego.
Man Salceda es CEO de Hoteles Hot y Construlife. Value investor y autor de “¿Quieres ser millonario? Yo te enseño”. Escribe sobre negocios, inversiones y lecciones de más de 25 años como empresario en [mansalceda.com].
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