Primero Egoísta. Después Altruista.






“Juro por mi vida y mi amor por vivir, que nunca viviré por el bien de otro hombre ni pediré a ningún hombre que viva por mi bien.” Ayn Rand.

Ser egoísta es malo si tu egoísmo perjudica a los demás o excluye de tu vida a tus seres queridos y cercanos, pero existe un egoísmo racional que no afecta a nadie, que no excluye a aquellos que forman parte de tu vida y que te permita alcanzar tus metas de una forma más efectiva.


Ayn Rand es una de mis autoras favoritas, de hecho uno de mis libros preferidos es una novela de ella publicada en 1957, La Rebelión de Atlas, un texto que plantea un mundo en el que existen dos tipos de personas, aquellas que consideran que todo les debe ser dado y aquellas que consideran que todo pueden lograr y que no se debe depender de los demás para la subsistencia y el éxito personal.


En el mundo de Rand es necesario pensar por una misma y para una misma, tomar decisiones pensando primero en ti y luego en los demás, pero siempre y cuando no afectes a los demás. Rand propone que hay una serie de derechos inalienables de todo ser humano que es necesario respetar a toda costa, pero si tu egoísmo no viola estos derechos, entonces lo racional y lo esperado es que por tu propio bien seas lo más egoísta posible.


Mi filosofía de vida coincide con la de Rand en muchas áreas y aunque mi capacidad de exponer los conceptos -que ella tan bien ha expuesto- deja mucho que desear comparada con la de ella, esta exposición no es la de ella sino la mía, además que mi ideología no es tan radical ni inflexible.


Tres de los derechos inalienables que ella propone y que expresan gran parte de lo que quiero decirte son:

  1. Todo ser humano tiene derecho a vivir su propia vida.

  2. Todo ser humano tiene derecho al fruto de su trabajo productivo.

  3. Todo ser humano tiene derecho a la propiedad privada.


Ahora bien, cualquier “supuesto derecho” que viole los derechos de otros no es ni podrá ser nunca considerado un derecho. 

El derecho a vivir tu propia vida significa que tienes derecho a mantener tu vida con tu trabajo y en el nivel económico que tus habilidades te lo permitan, pero no a que otros deban proveerte para cubrir tus necesidades.


El derecho al fruto de tu trabajo significa que nadie puede obligarte a trabajar en lo que tú no quieras. Tú eres libre de decidir en qué quieres trabajar si es que encuentras quien esté dispuesto a contratar tus servicios, pero tampoco significa que tienes derecho a un trabajo; solo existe el derecho a un intercambio comercial libre, pero no el derecho a un trabajo, o a un salario, o a un precio determinado si no hay nadie que esté dispuesto a pagarlo.


El derecho a la propiedad privada significa que todo ser humano tiene derecho a tomar las acciones económicas necesarias para hacerse de cosas, para usarlas y para deshacerse de ellas, pero no significa que otros deben proveerte de esas cosas.


El egoísmo racional es precisamente esto, que tu vivas tu propia vida, que tu tomes tus propias decisiones y tu propio camino y que no dependas de la aprobación de los demás ni de la buena voluntad de los demás para hacerte de dinero y eventualmente de riqueza. Cuando supeditas tus decisiones a la opinión de los demás estás empeñando tu futuro en lo que otras personas piensan y no en lo que tú misma piensas.


Para alcanzar la riqueza debes empezar por tomar las riendas de tu vida y no permitir que nadie más decida por ti. Es increíble pero hay culturas donde las mujeres no escogen a sus maridos, donde no escogen lo que quieren estudiar o donde ni siquiera se les permite estudiar; y aunque esto pasa principalmente en culturas donde el nivel educativo de la mayoría es bajo, también pasa en lugares bien educados y bien desarrollados.


El egoísmo racional es una forma de ser responsable por ti misma y para ti misma, de decidir y aceptar las consecuencias de tus propias decisiones.

Cuando decides por ti te haces responsable, cuando dejas que alguien más decida por ti ese alguien más es responsable. Si no te gusta o te asusta tener responsabilidades, si eres de las que titubea cuando debe tomar una decisión importante, entonces empieza por tomar decisiones pequeñas en el día a día de tu vida para que te acostumbres a decidir por ti misma.


En el momento que mi padre decidió salir hacia Francia para trabajar lo hizo por sí mismo, apenas era un joven de 16 años pero ya tenía una visión clara para mejorar su vida, no dependió de que alguno de sus hermanos lo invitara o que mandaran por él.


Cuando se fue para México pasó algo similar, ya que aunque era un camino conocido, no esperó a que alguien le diera el empujón o lo animara, él solo decidió que había que hacerlo y decidió por sí mismo.


De la misma forma, cuando pensó que no sería feliz en México decidió hablar con su hermano y contarle su proyecto del camión para transportar marisco, el miedo de ofender a su hermano no lo detuvo, había decidido que quería volver a España y se decidió a hablar con su hermano de inmediato; y de la misma forma decidió quedarse de manera definitiva en México una vez que su hermano le hizo ver que estaba tomando un camino mediocre y no uno de triunfo.


Cuando te sabes en lo correcto y cuando decides por ti es mucho más fácil aceptar las consecuencias de tus decisiones.

Decidir por ti misma en el área económica es importante y necesario para aumentar tus probabilidades de éxito. Cuando alguien me ofrece invertir mi dinero siempre contesto lo mismo: no hay nadie más experto que yo con mi dinero. Y tú deberías responder igual.


Para ser egoísta debes invertir primero en ti y luego en los demás. Y no me refiero a comprarte ropa, joyas o cosas, me refiero a ahorrar y a invertir en tu conocimiento, en tu mejoramiento personal.


Conforme más practiques el egoísmo racional más veces dirás que no, ya que finalmente pensarás por ti y para ti y después por los demás y para los demás. Decir que no es una cualidad necesaria para convertirte en una inversora exitosa, así como en emprendedora, empresaria o ejecutiva de éxito, ya que mientras más pienses por ti misma y más éxito tengas más gente querrá algo de ti, desde tu dinero para que financies sus proyectos hasta tu tiempo y asesoría para que los guíes en su camino.


Yo por ejemplo, digo que no muchas veces y a muchas personas; y desde que lo hago de forma habitual soy mucho más feliz y me he vuelto más eficaz. ¿Por qué? Porque me di cuenta que estaba invirtiendo demasiado tiempo en cosas que no tenían ningún impacto en mi efectividad y en mi capacidad de generar más dinero y que sin embargo estaban drenando mi tiempo y mi energía cada vez más. Algunos de esos “nos” me los digo a mí mismo y otros a las personas que se acercan a mí con peticiones que no aportarán valor a mis metas familiares o a las metas de mis empresas e inversiones.


Decirte que no a ti misma y decirle que no a los demás es un método muy eficiente para ser egoísta racional. ¿En cuántas ocasiones te has involucrado en cosas que solo te quitan el tiempo y ni siquiera disfrutas?, ¿En cuántas ocasiones has dicho que si a cosas que debiste decir que no?


Cuando por primera vez me invitaron a un comité de condóminos dije que sí y participaba en todas las juntas del edificio. Estaba preocupado porque las decisiones que ahí se tomaran fueran las correctas y poco a poco me fui involucrando más hasta que terminé como tesorero, algo de lo que unos meses después ya estaba arrepentido.


Eso es un trabajo que toma tiempo, no es remunerado y beneficia a toda una comunidad que no hace nada y solo se aprovecha de tu tiempo y tu esfuerzo, un trabajo ideal para alguien que tiene tiempo libre y puede dedicarle una parte a eso sin ver afectado su rendimiento en otras áreas, pero no era algo para alguien como yo en esa etapa de mi vida. No supe decir que no cuando debí hacerlo y peor aún, me tardé en reaccionar una vez que me di cuenta, aunque eventualmente renuncié al cargo.


En el Colegio de mis hijos pasó exactamente lo mismo. Varios padres que participaban en el patronato del colegio se acercaron a mí para pedirme que participara con ellos en distintos comités, pero para ese momento ya era yo más egoísta y capaz de decir que no, así que en esa ocasión no caí y dije que no a la primera.


Una vez que tienes clara tu prioridad contigo misma ese tipo de decisiones se hacen fáciles y rápidas de tomar, porque aunque alguien podría intentar convencerte de que participando en el patronato puedes afectar el rumbo de la escuela y mejorar el resultado de tus hijos, en la práctica te darás cuenta que en primer lugar ese argumento es falso y en segundo lugar hay otros padres igual de capaces que tú y seguramente mas dedicados, lo cuál garantiza que velarán por intereses similares a los que tú tienes.


Yo digo que no a una infinidad de cosas en mi día a día. A viajes que no me apetecen o que solo me complicarán la agenda, a que me involucren para tomar decisiones simples como elementos de decoración para la casa, a comidas con amigos o familiares que aunque son gente que disfruto, en muchas ocasiones solo son un drenado de energía o una perdida de tiempo.


Decir que no obviamente no garantizará tu popularidad, pero garantizará tu independencia y tu capacidad de dirigir tu atención y tu tiempo a las actividades que de verdad te ayuden a alcanzar tus metas o lo que sea que te haga feliz en la vida.


Ahora bien, hay muchas formas de decir que no y aunque cada quien tiene una forma de ser y de expresarse, hay ciertas formas que deberás cuidar para no ofender y para no alejar a la gente que quieres.


Cuando alguien se acerque con una petición personal que consideras drenará tu tiempo o tu atención y capacidad de enfocarte en lo que realmente te importa, simplemente dile que no estás segura que eres la persona adecuada para eso, o que en este momento no estás con el estado de ánimo indicado para apoyarle, o que en este momento estás comprometida con otras inversiones y no puedes distraer tu capital aun cuando lo que te piden pareciera alcanzable, entre un sinfín de formas que seguramente tu misma encontrarás para no ofender con tu negativa.


Una de las formas que más me ha funcionado ha sido la de dirigir la atención de la gente a una forma en la que ellos mismos puedan resolver el problema o petición por la que originalmente se acercaron a mí, aunque no siempre funciona porque hay veces que la gente no quiere que le digas como, simplemente quiere que se los resuelvas tú; precisamente un síntoma que debería fortalecer tu decisión de decir que no.


Hace poco un amigo se acercó conmigo para invitarme a participar como inversionista en un proyecto que quería emprender. El concepto era novedoso pero estaba en sus etapas iniciales y era difícil valorar que probabilidad de éxito tendría, así que a tan sólo unos minutos de su exposición decidí que le diría que no; de hecho ni siquiera dejé que terminara porque no vi ningún sentido en invertir su tiempo y mi tiempo en algo en lo que no participaría, así que busqué el momento indicado y le comenté, sabes que, esto no es para mí por muchas razones, principalmente porque me parece que es capital de riesgo y desde hace mucho tiempo no arriesgo mi dinero si no puedo valorar con certeza que garantía tengo de recuperar mi inversión, pero creo que sé con quién dirigirte; y lo puse en contacto con un amigo que ha invertido anteriormente en proyectos similares.


Decirle que no desmotivó un poco a mi amigo, quien obviamente hubiera preferido que yo invirtiera con él en lugar de dirigirlo con alguien más, pero haberlo dejado seguir tan sólo hubiera hecho mí “no” algo más difícil porque me hubiera involucrado más en su proyecto, en adición a que me hubiera representado invertir mas tiempo en algo que sería completamente improductivo; finalmente prefiero pasar tiempo con él hablando de nosotros o incluso de su nuevo proyecto, pero como una historia que cuentas a tus amigos y no como un discurso de negocios que das a posibles inversionistas.


La contrapartida del egoísmo es el altruismo y una vez que eres egoísta entonces puedes y debes ser altruista.

De hecho es increíble y contra-intuitivo pero cuando eres egoísta terminas por dar tu tiempo y tu dinero de forma altruista para el bien de mucha gente. Yo por ejemplo, doné durante más de un año parte de mi tiempo para un instituto que fomenta el desarrollo económico de personas con carencias. También he apoyado con dinero a personas e instituciones de mi elección.


Cuando aporto mi tiempo o mi dinero sin obtener un beneficio económico a cambio lo hago porque de forma egoísta he decidido que la persona o institución con la que he decidido involucrarme puede beneficiarse de mi aportación y con ello lograr un mejor resultado; y precisamente porque soy egoísta es que soy yo quien decide a qué instituciones o personas donaré mi tiempo o mi dinero.


El éxito económico es una responsabilidad, no solo es una bendición o algo que debes agradecer, también es una responsabilidad y como toda responsabilidad debe ser tratada con total importancia.


La mayor parte de mi dinero lo he generado en México y con México estoy agradecido y a México pienso regresar gran parte de lo que me ha dado a ganar. No me malinterpretes, nadie fuera de mi familia me ha regalado nada, al contrario, en muchas ocasiones he tenido que luchar contra estructuras burocráticas y un sistema de corrupción que complica la creación de empresas y el funcionar normal de los negocios.


Pero mi responsabilidad no es con ese sistema corrupto o con las estructuras que han hecho mi camino difícil, mi compromiso es con las áreas de oportunidad que veo y con el potencial que México aún tiene por explotar y que está al alcance de mucha gente que tiene una venda en los ojos y no puede verlo.

Es por eso que mi lado altruista cada vez toma una mayor parte en mi vida. Las formas en las que aporto son muy variadas, en ocasiones lo hago a través de donativos económicos que doy a las instituciones que considero valiosas o que persiguen causas de mi interés, a través de invertir mi tiempo y mis conocimientos con instituciones y personas que quiero apoyar y a través de facilitar áreas de crecimiento a personas que trabajan conmigo y que han demostrado tener principios y valores que son admirables y que de hecho serían de gran valor para el resto de la población.


Hace no mucho tiempo estaba convencido de que era mi responsabilidad juntar la mayor cantidad de dinero posible para poder dar de regreso a la sociedad el mayor monto en dinero que estuviera a mi alcance, pero mi punto de vista ha cambiado y hoy considero que es mejor ir aportando desde ahora, no solo con mi dinero sino también con mi tiempo y con mi capacidad de influenciar en el actuar de otras personas que son cercanas a mí y que valoran mi punto de vista.


En un foro al que hace algunos años asistí como invitado y en el que estuvo Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo y empresario al que siempre he admirado por su gran capacidad de ver oportunidades donde otros no vemos nada, la entrevistadora preguntó a Slim qué estaba haciendo por México y Slim respondió de una forma con la que me siento identificado y con una frase que a partir de ese momento he hecho igualmente mía:


“La mayoría de las personas dicen que trabajan para dejar un mejor México para sus hijos, yo trabajo para dejar unos mejores hijos para mi México.” Carlos Slim Helú.

De acuerdo a estudios realizados por el psicólogo y profesor Martin Seligman, la gente más feliz es la gente que es más altruista porque cuando somos felices estamos más abiertos a los demás (E. Diener y M.E.P. Seligman, “Very Happy People”, Psychological Science 13, 2002). Estudios realizados con cientos de estudiantes encontraron una relación irrefutable entre altruismo y felicidad.


Los resultados de los estudios del profesor Seligman demuestran que el altruismo genera mayor felicidad incluso que la satisfacción generada por actividades como ver una película, comer un helado o salir con los amigos. Cuando haces actos de bondad te sientes bien de verdad, no es una sensación; es un sentimiento y perdura más allá de lo que perdura el sentirse bien por realizar actividades que disfrutamos.


El altruismo que se hace por el bien de los demás sin que exista ninguna otra razón de fondo es obviamente el más valioso y al que todo ser humano debe aspirar, pero si tu personalidad y tu educación, como la mía, no te han enseñado ese camino, empieza por realizar actos de bondad con un propósito, pero empieza ya, porque es una realidad que todo lo que das se te regresa.


Si me has leído anteriormente ya sabrás que no soy religioso y lo que he trato de expresar cuando digo que no soy religioso es que no creo que las religiones sean el medio para acercarse a Dios, pero al igual que Einstein yo también creo en el Dios de Spinoza, ese Dios que se deja ver en la armonía ordenada de lo que existe, no en un Dios que se preocupa con el destino y las acciones de los seres humanos.


Y precisamente porque creo que existe ese Dios que ha creado un universo armónico en el que todo parece tener una razón de existir y una forma de engranar de forma armónica con lo demás, es que creo que existe una razón por la que a ciertas personas les sale todo bien y porque a otras les sale todo mal, por qué algunas personas podemos donar nuestro dinero y pronto volvemos a tener tanto como donamos y más; y por qué hay otros que no solo no pueden donar, sino que no tienen suficiente ni para sí mismos.


Desde hace mucho tiempo ha habido una infinidad de autores enfocados en explicar el por qué de esto. Napoleon Hill lo llamaba la regla de oro “The golden rule”. Otros como Rhonda Byrne lo llaman la ley de la atracción, pero todos concluyen que todos atraemos aquello en lo que más pensamos y que todo lo que hacemos tiene consecuencias.


El universo tiene una forma peculiar de devolvernos nuestros actos de bondad y nuestros actos de maldad.

Es muy simple, si das, recibirás, si quitas te quitarán, así que mientras antes empieces a dar antes recibirás de regreso. Esto es peculiar pero es cierto, por experiencia puedo decirte que mientras más dono mi tiempo más tiempo tengo, mientras más dinero dono más dinero produzco y además soy mucho más feliz y tengo una vida más plena.


Si eres egoísta quiere decir que piensas y decides por ti misma y que no permites que nadie te diga cómo vivir tu vida, significa que sabes que los actos de bondad te generan felicidad y que por lo tanto eres altruista porque eres egoísta; y porque sabes que el altruismo desinteresado es uno de los actos más valiosos que podemos hacer como seres humanos.


Hay pocas cosas más satisfactorias que pensar y decidir por una misma, que alcanzar tus metas a través de tu esfuerzo productivo y que aportar al mundo mostrándole a los demás que pueden y deben pensar y decidir por sí mismos y tomar las riendas de su propia vida. Si quieres alcanzar el éxito económico es necesario que empieces a pensar y decidir por ti misma de inmediato y que de la misma forma aportes cosas valiosas al entorno que puedes influenciar con tus actos, tu tiempo y tu dinero.


Por leerme gracias, hasta la próxima.

2 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Enfócate